|La pobreza que no vemos

La pobreza es
una historia
sobre nosotros,
no de ellos

por Kalena Thomhave

Presentado por Microsoft News en asociación
con Spotlight on Poverty and Opportunity

Sin embargo, con demasiada frecuencia creemos que sabemos cómo es vivir en la pobreza.

Es lo que nos enseñaron, las imágenes que nos han mostrado deliberadamente por décadas.

La persona que vive de manera crónica en la calle.

El inmigrante indocumentado.

La persona pobre urbana, que suele personificarse como una mujer de color, la “reina de la asistencia social” a la que los políticos hacen referencia con tanta asiduidad.

Pero cuando la desigualdad de ingresos sube a niveles record en los Estados Unidos, incluso en medio de una expansión económica, esas imágenes tan conocidas resultan desfasadas, hirientes y contraproducentes. Nos impiden centrar la atención en las soluciones y en construir oportunidades de movilidad social.

El rostro que representa hoy la desigualdad en los ingresos y la falta de oportunidades es, bueno… el de cualquiera de nosotros.

Es Anna Landre, una estudiante discapacitada de la Universidad de Georgetown que lucha por mantener los beneficios de salud que le permiten tener libertad para vivir su vida.

Es Tiffanie Standard, una mentora de mujeres de color jóvenes en Filadelfia que aspiran a ser emprendedoras tecnológicas, pero que deben tener varios trabajos para subsistir.

Es Sharon Penner, una artesana del área rural de Georgia, quien se preocupa por la seguridad para el retiro laboral y las opciones en la atención médica para las mujeres lesbianas de la tercera edad.

Es Charles Oldstein, un veterano de la Fuerza Aérea de Estados Unidos en Nueva Orleans, quien todavía estaría en la calle si no fuese porque la ciudad puso en marcha una política de tolerancia cero para los veteranos sin hogar.

Es Ken Outlaw, un soldador del área rural de Carolina del Norte, cuyo sueño de volver a estudiar en una universidad comunitaria quedó destrozado por el huracán Florencia, solo por mencionar uno de los fenómenos climáticos extremos que han afectado el delicado equilibrio de quienes luchan por sobrevivir en este país.

Son los activistas de Mothering Justice, una organización de defensa legal radicada en Michigan, que lucha contra los estereotipos y los eufemismos.

Si estos son los protagonistas de nuestra historia sobre la pobreza, ¿qué niveles de percepción, qué mitos y realidades hay que desenterrar para encontrar soluciones y apoyo significativos?

Author Kalena Thomhave

Kalena
Thomhave

DEC 2, 2019

Kalena Thomhave es una escritora que vive en Michigan. Las revistas que publican su trabajo incluyen The American Prospect, The Progressive y The Week.

Pareja abrazada sonriendo a la cámara

"Mucha gente no puede distinguir que no tenemos un hogar, solo porque mantenemos nuestra ropa limpia y vamos a lugares donde podemos limpiar nuestra ropa y nos duchamos a diario". — Mary Ellen & Deshaun. Fotografía cortesía de David Blumenkrantz y el proyecto One of Us.

Podemos ver la desigualdad de ingresos representada . . . por cualquiera de nosotros.

Mothering Justice, liderada por mujeres de color, fue el año pasado a la capital del estado (Lansing, Michigan) para ejercer presión en relación con los temas que afectan a las mamás que trabajan.

Una de las organizadoras de Mothering Justice fue a la oficina de un representante del estado para hablar sobre la falta de guarderías de bajo costo: los vestigios de un sistema que esperaba que las madres se quedaran en casa con los niños mientras los esposos salían a trabajar.

Una empleada del cuerpo legislativo le restó importancia al reclamo de la activista y le dijo: “mi esposo se ocupó de eso; yo me quedé en casa”.

Atkinson dice que ese comentario “tuvo mala intención” y que se basa en la idea generalizada de que una mujer de color preocupada por la desigualdad de ingresos y los programas que promueven la movilidad debe ser, por definición, una madre soltera, probablemente con varios hijos.

En este caso, la activista de Mothering Justice estaba casada.  Y, en la mayoría de los casos en los Estados Unidos del año 2019, las imágenes que nos vienen a la mente cuando oímos las palabras “pobreza” o “desigualdad de ingresos” no logran en absoluto reflejar una realidad que es compleja: la pobreza nos toca prácticamente a todos.

Podemos ver la desigualdad de ingresos representada, con pocas excepciones, por cualquiera de nosotros. 

Collage de retratos de 21 personas de diferentes edades, géneros y etnicidad

Fotografía cortesía de David Blumenkrantz y el proyecto One of Us.

¿Cuántos de nosotros somos pobres en los Estados Unidos?  Depende de a quién le preguntes.

Según la Oficina del Censo, 38 millones de personas en los Estados Unidos viven por debajo de los umbrales oficiales de pobreza (actualmente USD 20,231 para una familia de tres personas con dos niños). Tomando en cuenta la necesidad económica más allá de esa medida absoluta, el Instituto de Estudios Políticos descubrió que 140 millones de personas son pobres o tienen bajos ingresos y viven por debajo del 200 % del nivel complementario de pobreza establecido por la Oficina del Censo. Eso abarca casi la mitad de la población estadounidense.

Independientemente de la medición que se tome, dentro de ese inmenso grupo, la pobreza es muy diversa. Sabemos que algunas personas se ven más afectadas que otras, como los niños, los adultos mayores, las personas con discapacidades y las personas de color.

Pero el hecho de que 4 de cada 10 estadounidenses no puedan afrontar USD 400 en un caso de emergencia es una estadística que se cita habitualmente y por un buen motivo: la inestabilidad económica no distingue raza, género ni ámbito geográfico. Incluso llega a las clases medias, ya que los salarios reales se han estancado para todos excepto los más adinerados y no son infrecuentes los momentos puntuales de inestabilidad financiera.

Es posible que los adultos mayores LGBT como Penner, por ejemplo, hayan trabajado ininterrumpidamente toda la vida. Pero ahora se enfrentan a una situación de adversidad al jubilarse por la falta de atención médica o de establecimientos inclusivos para adultos mayores.

Aun así, muchos de nosotros seguimos pensando en estereotipos degradantes sobre quiénes son las personas golpeadas por la pobreza. Eso afecta la forma en que convivimos y cómo desarrollamos políticas que respondan a la falta de igualdad en los ingresos que ha definido la vida estadounidense en las últimas décadas.

Dicho de forma simple, la historia que los estadounidenses se cuentan sobre la pobreza tiene enormes fallas.

CÓMO PUEDES AYUDAR

La pobreza se manifiesta de muchas maneras, a menudo en el hambre y la desnutrición. Feeding America es una red nacional de más de 200 bancos de alimentos que alimentan a más de 46 millones de personas a través de despensas de alimentos, comedores populares, refugios y otras agencias comunitarias.

Mujer de mediana edad en camiseta mirando a la cámara

"Estás a un sueldo de estar sin hogar. ... los que quieren salir de la situación, mezclarse con los drogadictos y los ladrones ... Pero luego estamos nosotros, está la otra mitad que trata de hacer lo que podamos para mejorar, para volver a entrar el mundo real y hacer cosas mejores. Quiero decir, la mayoría de nosotros tenemos diez dedos, diez dedos, podemos trabajar. Pero simplemente no nos dan trabajo porque no tienes una dirección postal". — Brooke. Fotografía cortesía de David Blumenkrantz y el proyecto One of Us.

Pernicious caricatures remain sobre quiénes viven en la pobreza y lo que es necesario hacer para salir de ella. El mito estadounidense emblemático es que solo tienes que decidirte a hacerlo y, por ti mismo, podrás convertir una mala situación en una buena si te lo propones. En realidad, encontrar una oportunidad sin ayuda de la familia, los amigos, la escuela y la comunidad es prácticamente imposible. Y el campo de juego no está para nada nivelado.

Tomemos el ejemplo de Outlaw. Había dejado la escuela y luego volvió a estudiar en el Terciario Comunitario James Sprunt de Kenansville, Carolina del Norte. ¿Un día habitual en su vida? Llegaba a casa a las 2 a. m. después de trabajar en el turno nocturno y se iba directo a la cama. Ponía la alarma a las 6 a. m. para prepararse para ir a la escuela. A las 7 a. m., se dirigía a sus clases y, después de las horas de estudio, se iba a trabajar, y llegaba a su casa nuevamente a la madrugada. “Fue muy difícil, pero estoy acostumbrado a trabajar duro”, dice. “En ese momento, creí que todo valdría la pena para darle una vida mejor a mi familia”. Eso fue antes de que el huracán Florence destruyera su casa y pusiera en peligro su sueño de continuar con sus estudios y su carrera laboral.

The FrameWorks Institute, un grupo de investigación que se centra en la visión pública de los diferentes temas, investigó cuáles son las bases de los estereotipos y las narrativas sobre la pobreza en el Reino Unido.

“Las personas ven el bienestar y el éxito económico en la vida como… el resultado de la elección, fuerza de voluntad, motivación, iniciativa y agallas”, dice Nat Kendall-Taylor, director ejecutivo de FrameWorks. “Cuando vemos a la gente que está luchando por sobrevivir”, explica que esos supuestos “nos llevan a pensar que las personas pobres son perezosas, que no les importa y que no han tomado las decisiones correctas”.

¿Te resulta familiar? Hay ideas similares en torno a la pobreza en los Estados Unidos. Y estos supuestos hacen estragos sobre la realidad. “Cuando las personas adoptan este patrón de pensamiento”, dice Kendall-Taylor, “resulta cognitivamente cómodo interpretar los temas de la pobreza de ese modo. Crea un tipo de ceguera cognitiva y todos los factores que no se relacionan con la voluntad y las decisiones de una persona se vuelven invisibles y desaparecen de la escena”.

Tales factores externos incluyen las dificultades que trae aparejadas el trabajo con bajo salario o la discriminación estructural basada en la raza, el género o la capacidad.

Los supuestos empeoran cuando las personas pobres se valen de los beneficios que otorga el gobierno como ayuda para subsistir. Existe una tensión enorme entre “los pobres” y quienes reciben lo que se ha convertido en un término sucio: “asistencia social”.

Según la General Social Survey, el 71 % de las personas encuestadas cree que el país gasta demasiado poco en la “asistencia a los pobres”. Por otro lado, el 22 % cree que gastamos demasiado poco en la “asistencia social”: el 37 % cree que estamos gastando demasiado.

“Utilizó 80 nombres, 30 direcciones, 15 números de teléfono para recopilar cupones de comida, Seguro Social, beneficios para cuatro esposos veteranos fallecidos que no existieron y también asistencia social”, dijo el expresidente Ronald Reagan en un acto electoral en 1976 al compartir una de sus anécdotas favoritas de campaña.

Esa mujer negra, a quien Reagan llamó una “reina de la asistencia social” era sin dudas una artista del engaño, quizás también una secuestradora y una asesina, pero con las palabras de Reagan se convirtió incluso en algo más: un símbolo de todas las mujeres negras que recibían asistencia pública, un símbolo racista que influyó sobre las políticas y la opinión pública durante décadas.

“La pobreza ha sido sinónimo de la gente de color, pero [específicamente] de las mujeres negras y las madres negras”, dice Atkinson de Mothering Justice. Es verdad que las madres negras se ven más afectadas por la pobreza que muchos otros grupos. Sin embargo, su rostro representa la pobreza de una forma desproporcionada. Por ejemplo, es común que los estadounidenses sobrestimen la cantidad de personas negras beneficiadas por los programas de asistencia pública.

En realidad, la mayoría de las personas tendrá algún tipo de dificultad financiera en algún momento de su vida. Sin dudas, la gente tiende a entrar en la pobreza y salir de ella, quizás debido a obstáculos imprevistos, como perder el trabajo o la fluctuación en la cantidad de horas laborales en un trabajo de bajo salario.

Randy Joiner, quien ahora cuenta con vivienda gracias al innovador programa de Nueva Orleans, había trabajado en la construcción, que tuvo un boom después del huracán Katrina. Pero, luego, la actividad en este segmento comenzó a mermar y él terminó viviendo en la calle.

La mayoría de los estadounidenses tiene o recibirá algún tipo de ayuda del gobierno. Según el think tank Center on Budget and Policy Priorities, más de la mitad de los estadounidenses recibió, previa prueba de medios, algún beneficio (cupones de comida, Medicaid, asistencia en efectivo, seguro por discapacidad o asistencia para la vivienda) en algún punto entre 1997 y 2017. Si consideramos el lapso de toda una vida, ese porcentaje es probablemente mayor. También existen otros programas sociales que ayudan a la gente distribuyendo los beneficios entre los ciudadanos de ingresos medios y superiores, como la posibilidad de deducir de impuestos los intereses de la hipoteca. Tal como Suzanne Mettler escribió en su libro más recientemente publicado, The Government-Citizen Disconnect, “ahora, todos somos beneficiarios” de la asistencia del gobierno.

Tal como Mettler me dijo en una entrevista de 2018, “las personas que piensan que la asistencia social es algo desfavorable creen que el gobierno está haciendo algo injusto. Creen que es darles un tratamiento especial a las personas que merecen menos”, cuando ellas mismas quizás estén luchando por subsistir.

CÓMO PUEDES AYUDAR

La pobreza se manifiesta de muchas maneras, a menudo en el hambre y la desnutrición. Feeding America es una red nacional de más de 200 bancos de alimentos que alimentan a más de 46 millones de personas a través de despensas de alimentos, comedores populares, refugios y otras agencias comunitarias.

Esas ideas de “merecimiento” se han filtrado en las políticas. Por ejemplo, muchos estados prohíben que las familias que reciben ayuda del programa Temporary Assistance to Needy Families reciban otros beneficios si nace otro niño mientras la familia se encuentra beneficiada por ese programa. Eso se basa en la teoría de que la gente pobre tiene más hijos para recibir unos cien dólares más al mes.

Landre, la estudiante de Georgetown, lucha contra un sistema que brinda ayuda a la comunidad de personas con discapacidad que requiere, básicamente, que estén en la pobreza para poder acceder a los servicios.

Prácticamente 30 años después de que la Ley sobre Estadounidenses con Discapacidades prohibió por primera vez la discriminación laboral basada en la discapacidad de la persona, hay más personas discapacitadas viviendo en la pobreza que antes de que se aprobara la ley. Es un problema complejo con muchos factores, pero en algunos casos el programa mismo diseñado con la intención de ayudar a las personas con discapacidad se convierte en una trampa financiera devastadora debido al techo de ingresos considerado por Medicaid.

“La gente no comprende del todo lo regresivas e injustas que son estas reglamentaciones”, dijo Landre. “Cada vez que hablo con alguien que no está en la comunidad de personas con discapacidad, me dicen: ‘¿En serio? No puede ser que funcione así, que eso diga la ley. Tiene que haber alguna forma de corregirla'”.

Mujer joven con pelo largo y tatuaje en el hombro mira a la cámara

"Crecí entrando y saliendo de centros de detención juvenil y de diferentes instituciones. Tengo muchos traumas. Entonces, todavía estoy sufriendo por eso, es por eso que es difícil para mí encontrar trabajo. Vivo en una tienda de campaña en este momento. Es difícil, la policía se mete mucho con nosotros. Mucha gente nos menosprecia, como con todas nuestras cosas en el autobús, la gente no quiere que les toques ni nada, solo porque tenemos que sostener todas nuestras cosas. Estoy tratando primero de terminar la escuela. Solo puedo dar un paso a la vez." — Sarah. Fotografía cortesía de David Blumenkrantz y el proyecto One of Us.

Y podemos corregirla. Lo que tenemos que hacer es darles un marco nuevo a esas ideas y cambiar nuestra forma de pensar.

Kendall-Taylor tiene algunas ideas sobre cómo repensar la pobreza en los Estados Unidos. Cree que debemos cambiar nuestro enfoque sobre el individualismo, las diferencias entre nosotros y los demás y evitar el pensamiento fatalista innecesario. Dice que estigmatizamos activamente a otras personas cuando utilizamos los pronombres “ellos” al hablar de la pobreza en lugar de “nosotros”.

Las historias que se presentan en los medios tienden a centrarse mucho en describir los problemas y menos en hablar sobre las posibles soluciones. Kendall-Taylor dice que, pensando desde el individualismo, es necesario enfatizar “que lo que nos rodea nos moldea, que los lugares en que estamos, la gente de la que nos rodeamos, los recursos que tenemos o no tenemos, las estructuras dentro de las cuales residimos, [todo eso] influye sobre nuestra vida y nuestro destino”.

Cambiar esta forma de pensar quizás implique contar historias y escuchar, especialmente cuando quienes hablan son las personas más afectadas por la pobreza. No significa que solo haya que hablar sobre la pobreza blanca como un antídoto a las narrativas desvirtuadas.

“Me han dicho: ‘no queremos a una madre soltera con cuatro hijos que hable sobre estos temas'”, comenta Atkinson. Agrega que algunas organizaciones de defensa intentan centrarse en la pobreza blanca o la pobreza de las familias con madre y padre para desafiar los estereotipos. Son estrategias que pasan por alto y borran a las personas que sufren distintos niveles de marginalización.

Mothering Justice busca echar por tierra ese estereotipo con el liderazgo de las mujeres de color. Atkinson les dice a las activistas de Mothering Justice: “Ustedes lidian con estos problemas todos los días, son expertas. Ellos deberían preguntarles a ustedes cómo resolver el problema”.

Changing this framing may involve telling stories and listening, especially when people most affected by poverty are talking. That doesn’t mean only talking about white poverty as an antidote to flawed narratives.

“I’ve been told ‘we don’t want an unwed mother of four talking about these issues,’” Atkinson tells me. Some advocacy organizations, she says, try to focus on white poverty or poverty of two-parent families in order to challenge stereotypes, strategies which ignore and erase people facing multiple layers of marginalization.

Mothering Justice aims to disrupt that stereotype with the leadership of women of color. Atkinson says she tells Mothering Justice activists, “You’re dealing with these issues every day, you’re an expert. They should be asking you how to fix the problem.”

David Blumenkrantz dirige el programa de fotoperiodismo de California State University, en Northridge. Su proyecto One of Us está actualmente planifcando talleres de fotografía para niños de la calle en Kenia y jóvenes empobrecidos en Los Ángeles.

David Blumenkrantz, profesor adjunto de Periodismo en la Universidad Estatal de California, sede Northridge, cree en la oportunidad que la fotografía les da a que quienes viven en la pobreza de contar su propia historia.  Enseña un curso a los estudiantes de la universidad y también a residentes sin techo de Los Ángeles. Cada estudiante recibe una cámara y lecciones de fotografía para que puedan tomar fotos que describen sus vidas.  Se les paga por su trabajo y las piezas se presentarán en una exhibición al finalizar el año.

Lo importante es que el objetivo principal del trabajo de Blumenkrantz no es desafiar la visión de la pobreza que tienen otros. “Esa sería una linda consecuencia”, dice. Antes que nada, es una oportunidad para que la gente pobre cuente su historia y haga arte.

“En lugar de que los fotógrafos vayan y cosifiquen a las personas sin hogar”, explica, “dejemos que la gente hable por sí misma”.

Mujer y hombre con gorra recostados uno al otro

Larry (derecha): “Bueno, lo que sucedió fue que el trabajo se ralentizó para ella. No sé, estaba ganando bastante dinero ... Todo sucedió muy rápido y no sabíamos qué hacer. Estábamos en pánico y todo. Debimos habernos concentrado probablemente en la primera vez que recibimos el aviso de desalojo. Pero, ella estaba pasando por muchas cosas..." Lizette (izquierda): "He estado tratando de equilibrar la vida, literalmente, emocionalmente, financieramente, socialmente, todo. No sé a dónde ir ahora. No tengo un lugar para quedarme, un trabajo. Probablemente me quede sin hogar esta noche porque me están desalojando. Entonces, estamos tratando de salir de nuestra situación, pero estamos ahí abajo". Fotografía cortesía de David Blumenkrantz y el proyecto One of Us.

En lugar de pasar por alto a algunos grupos que enfrentan la pobreza,  “lo que tenemos que hacer es contar más de una historia”, dice Nisha Patel, directora general de las iniciativas nacionales y el cambio de narrativa en Robin Hood. “Si solo leemos una historia o suponemos que solo se aplica a las personas que se ven [de cierta forma], eso se vuelve realmente peligroso y perjudicial para lograr un cambio a gran escala”.

Una forma de contar estas historias es que la gente que vive en la pobreza hable ella misma sobre su experiencia. Pero no es algo que veamos mucho. “Las personas pobres saben muy bien cómo funciona el sistema en los Estados Unidos, [pero] no hay oportunidades en los medios tradicionales para que estas personas [compartan] su visión”, dice Rachel Rybaczuk, directora ejecutiva de Class Action, una organización que promueve el debate sobre temas de clase y brinda capacitación anticlasismo en los lugares de trabajo y las escuelas.

Class Action crea un espacio para que la gente pobre hable sobre sus experiencias y difunde estas historias a través de su blog y su trabajo de consultoría.

Cara Finnegan, profesora de comunicación en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, pide centrarse en la pobreza en el ámbito local. “Resulta fácil para las personas que no se encuentran en dificultades económicas pensar que eso que sucede no pasa en [su] comunidad”.

Mujer joven carga un perrito que usa un arnés y lame su cara

"Ha sido difícil para mí ... Es como si descubriera que al tratar de crear mi propio negocio y hacer mis cosas, tengo que ponerlo en una guardería para perros. Obtuve cuatro visitas gratuitas de guardería para él, para que pueda quedarse por unas horas, medio día o un día completo y luego puedo usar eso para entrevistas, si es necesario, pero en lo que respecta a tratar de encontrar un trabajo y todo, va a ser difícil tener a mi perro de servicio conmigo, si no puedo dejarlo por una o dos horas". — Melissa. Fotografía cortesía de David Blumenkrantz y el proyecto One of Us.

También hay soluciones prácticas, muchas de las cuales se han implementado con éxito en el país, lejos del debate con frecuencia contencioso y poco productivo que se da en Washington.

Para las personas con discapacidad como Landre, se crearon las cuentas ABLE en 2014 para ayudar a blindar los activos contra el tope federal.

En el caso de las personas sin techo, el programa victory over homelessness de Nueva Orleans dirigido a los veteranos ofrece un camino de avance para otras poblaciones y otras ciudades lo están viendo como un modelo a seguir.

Para los adultos mayores LBTQ, los activistas urgen que se apruebe la Ley de Igualdad, que volvió a presentarse en el Congreso este año y fue aprobada por la Cámara de Representantes, pero no por el Senado. Esta ley prohibiría la discriminación basada en la orientación sexual y la identidad de género en vivienda, empleo, educación y otros ámbitos. Actualmente, hay 28 estados que no prohíben tal discriminación.

Para las comunidades de menores ingresos que enfrentan un mayor riesgo de tener condiciones meteorológicas extremas, la legislatura de Carolina del Norte acordó un paquete de USD 5 millones destinado a ayudar particularmente a los institutos comunitarios del estado y sus estudiantes, como Outlaw.

Para los jóvenes que desean ser emprendedores, pero no cuentan con la estabilidad financiera ni el capital necesarios para perseguir sus sueños (sueños que podrían beneficiarnos a todos), WURD, la única estación de radio de propiedad y administración afroamericana en Pensilvania (y una de las tres que existen en el país), lanzó un nuevo programa para conectar a los jóvenes que buscan trabajo con información, apoyo y un posible empleo.

Las historias que siguen ofrecen más soluciones potenciales, además de darles visibilidad y voz a otros estadounidenses que, como la mayoría de nosotros, luchan por sobrevivir en un país donde los millonarios se vuelven más ricos, pero el resto de la nación no.

Algo que todos podemos hacer es tratarnos con la dignidad y la compasión que cada caso merece y entender profundamente que el problema de la pobreza nos toca a todos.

Aquí puedes ver la versión original en inglés de este artículo

CÓMO PUEDES AYUDAR

La pobreza se manifiesta de muchas maneras, a menudo en el hambre y la desnutrición. Feeding America es una red nacional de más de 200 bancos de alimentos que alimentan a más de 46 millones de personas a través de despensas de alimentos, comedores populares, refugios y otras agencias comunitarias.

Author Kalena Thomhave

Kalena
Thomhave

DEC 2, 2019

Kalena Thomhave es una escritora que vive en Michigan. Las revistas que publican su trabajo incluyen The American Prospect, The Progressive y The Week.

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